miércoles, 28 de junio de 2017

ENCUENTRO DE POETAS DEL SURESTE ESPAÑOL EN CEHEGIN

ENCUENTRO DE POETAS DEL SURESTE ESPAÑOL EN CEHEGIN
24 DE JUNIO DE 2017





sábado, 10 de junio de 2017

LA PIEL DE LA INTEMPERIE de Juan José Castro Martín

LA PIEL DE LA INTEMPERIE de Juan José Castro Martín



LA PIEL DE LA INTEMPERIE de Juan José Castro Martín

Editorial Nazarí. 124 páginas

            Cuando lees a un autor, en cierta medida, estás leyendo su biblioteca y las lecturas que han cimentado su bagaje de escritor. Por sus venas, o sea, por sus renglones corre la sangre de los libros que ha leído y la impronta de otros autores que van dejando un reguero de huellas, como una luz ultravioleta impregnada en sus textos, de una manera  más explícita o menos, pero siempre latente y clarificadora para entender el resultado creativo. En este caso, con Juan José Castro Martín y con La piel de la intemperie, su último poemario, esto que digo sucede de una manera mucho más clara. Al leer este libro nos convertimos en huéspedes de un corpus poético, en inquilinos de un mismo edificio en continua construcción a través de nuestra singularidad. Un poemario lleno de instantes que te llevan a La piel de la intemperie, que no es otra que la piel de la palabra que se hace (des) presencia corpórea y homenaje a muchos autores. Hay momentos de la lectura en  la que la intemperie parece estar tanto afuera como adentro, o sea, a un lado y al otro del espejo que es la piel, donde además de envolverte también te habita como intersticio entre sueño y vigilia.  La piel de la intemperie no es una torre de Babel, pero sí podría entenderse como un ágora de la Grecia clásica en la que resuenan los ecos de muchas gargantas y con los que  Juan José Castro dialoga y establece vínculos. El texto se enriquece constantemente con su intertextualidad, y es en esa relación del texto con las referencias y las citas donde los versos o la prosa del poeta cobran sentido y se hacen faro, por lo que hay que tener en cuenta el texto pero también el contexto que lo enmarca para comprender el discurso global del libro.     
  
           Si “una reseña es un autillo…” nos dice el poeta en la página 49, esto que yo hago no pretende ser, por supuesto, el concierto de ningún ruiseñor, quizá una opinión de lector a lo sumo, ya que el autor se siente “un espíritu errante incomprendido” que ansía la resurrección de la poesía en los lectores; una declaración de intenciones que va más allá de los poetas, de los críticos, de los periodistas e incluso de los pájaros. En su decir “todo resulta resumible” (página 50) y a la vez rehace la realidad con cada palabra que sale de su tinta-trino, llena de cierto hermetismo y bastante metaliteratura. “Comentarios/ artículos, reseñas, entrevistas” se puede leer en la página 51, con juegos de palabras: “los expertos se tornan en espectros” se dice en la página 42 con cierta resaca. Juan José Castro “En su consumación quisiera(s)/ ser traducido al humo,/ al idioma del pájaro que nunca/ … habrá de retornar a sus fronteras” (página 48), porque con cada nuevo libro su límite se expande sin caer en lo ya dicho, sin repetirse, ya que siempre busca los confines de lo inefable. Fusionando ciencia y poesía nos dice en su poema Antipoética: “una especie es un número variable/ de errores sometidos a unas leyes/ de evolución certeras, discontinuas.”, dejándote en el posgusto cierto sabor a manifiesto literario.

            La piel de la intemperie es un poemario con un marcado poso culturalista que insufla un aire erudito y a la que algunos podrían tildar de elitista, aunque lo interesante es que cada cual puede hacerse el traje de su lectura a la medida que quiera y combinarlo como mejor le guste según su fondo de armario. “No basta con vivir, habrá que inventar lo vivido” –dice en la página 35, y así nos introduce en  “el vértigo de existir”.  “Morir es un juego de espejos” (página 86). Atravesar este libro es como atravesar un espejo en el cual renaces en un acto de fe, y al abrir los postigos del alma desde su reflejo ve a los demás, igual que al mirar a los demás termina viéndose a sí mismo.  Una hermosa polifonía de destellos en la que Juan José Castro ejerce como director de orquesta. “Únicamente la poesía vuelve más real la realidad” –nos dice en el prólogo Pablo Acevedo. La lírica fluye por los cuatro costados de la página convertida en trampantojo. Y conforme avanzamos en la lectura del poemario nos damos cuenta que juntos con el autor “somos nosotros creciendo como sonido –a veces tan puro-“ (página 38) las aves que emergen y se sumergen en el devenir poético de La piel de la intemperie, al comprobar que la lectura se convierte en un punto de encuentro. “Porque existir es frecuentar una y otra vez las mismas ausencias”, y eso es también la relectura que este libro tiene, un volver a existir para descubrir nuevas estancias y tener “más luz, más luz, más luz” como nos dice en la página 58.

            Julia Kristeva dice que: “todo texto se construye como un mosaico de citas, todo texto es absorción y transformación de otro texto”. La piel de la intemperie es un poemario lleno de alusiones y (des)presencias que convierten el proceso creativo de Juan José Castro en un eco coral entre la experiencia interior y las palabras y su nexo con la nostalgia que es “cementerio y paraíso de una memoria inventada (e inventiva) que solo progresa a fuerza de regresiones, hasta su definitiva dilución en la nada seminal de los recuerdos” –nos apunta Pablo Acevedo en el magistral prólogo que abre el libro. Shakespeare, Goethe, Rimbaud, Darwin, Verlaine, Faulkner, Rilke, Juan Ramón Jiménez, Nietzsche, Fray Luis, la Biblia, Camús, Kundera, Kafka, Wallace Steven, Emilio Prados, Vicente Aleixandre, Alejandra Pizarnik, Heinrich Böll, Thomas Mann, José Ángel Valente, Fichte, Marx, San Juan de la Cruz, Parménides, Heráclito… Muchas referencias/ecos que nos insufla el don de la intertextualidad a cada paso, por lo que el caminar se hace lento y lleno de resonancias, ya que cada cita es una confluencia con la que hay que dialogar y reflexionar para seguir avanzando.

Y es que abrir las páginas de este poemario, algo existencial, es “ir hacia la fragancia del jazmín y quedarse deliciosamente ciego” –se dice en la página 40. Intertextualidad y hermetismo impregnan este libro, incluso algunas gotas de surrealismo lo perfuman. Y aunque en algún momento sus poemas te pueden parecer algo repentistas, para nada, es trabajo e inspiración lo que fluye. Unas veces en verso o prosa poética, otras con poemas de extensión más larga o más corta, con heptasílabos o endecasílabos o con versículos, con puntuación o sin ella; pero siempre con un ritmo planetario que suena como un mar de latidos. Y en medio, como una perla en una ostra o un faro, un soneto: “en cuyo ascenso el cuerpo acaba” en un aullido y su eco. Y si este libro puede que sea “un traje demasiado estrecho para tanta sombra” como nos dice el poeta en la página 54; ya sea como sueño, insomnio o pesadilla nos atrapa y no nos suelta. “Somos la reverberación de nuestros pasos” apunta, y al terminar la lectura de este poemario te sientes como una crisálida que al final despierta de su letargo transformada en otro ser pero con la misma carne desencantada.

“Levitar o hundirse, esa era la cuestión” (página 102), y en este punto sucede la metamorfosis, la mariposa decide volar para expandir mejor sus alas en las fronteras del sueño que alumbran sus dos ángeles. Y “¿Piensas quedarte aquí?” –nos pregunta en la página 38, y no se queda ahí. Juan José Castro Martín echa a volar en lo más alto del pensamiento y así lo demuestra La piel de la intemperie.

Custodio Tejada
7 de junio de 2017
Opiniones de lector






viernes, 9 de junio de 2017

LA MEMORIA AUSENTE en la Feria del libro de Madrid 2017

LA MEMORIA AUSENTE en la Feria del libro de Madrid 2017






TOMANDO ALGO CON UNOS VIEJOS AMIGOS EN MADRID




sábado, 27 de mayo de 2017

VÉRTICES de Francisco Onieva

VÉRTICES de Francisco Onieva



VÉRTICES de Francisco Onieva

Colección Visor de Poesía. 60 páginas y 37 poemas.

Buscando lo efímero, nuestro poeta lo que alcanza es la eternidad del vértice de una habitación, de una casa, de un mundo y un libro, cuerpo-cuna que se hace recinto de paz y plenitud. Y que no te dé miedo tu alegría por ella(s), disfrútalas sin perder tiempo, porque no hay mayor tesoro que hacerse poesía viva y moldear la realidad para preservar tu “única certeza”: Ella(s) que, al fin y al cabo, son tu escritura misma, confluencia y proyección de tus versos y tus miembros que intuyen la magia de la lluvia en sus ojos. “Ella es vértice” (página 15) cima o punto en el que coinciden todas las aristas de este poemario poliédrico donde se superponen distintas lecturas dentro de la misma lectura. “Me invento entre vosotras” –nos dice el poeta en la página 14 – hijas y palabras que se vuelven también hijas, origen y confluencia del hombre y del poeta, porque Ella(s) son “la alquimia permanente de la vida” (página 18), y esa mezcla es su ámbito: Una poética de la existencia. “Vivir es compartir un zeugma/ y no emplear palabras connotadas.” –nos dice en la página 24. Este libro es un “lugar de paso de los pájaros y de la luz”, plano secuencia que desvela el truco de transmutación que el poemario tiene.

Ella(s) al final confluyen en una simbiosis  perfecta: la poesía, Marta y Blanca son la misma cosa, carne de su propia carne, frutos de Francisco Onieva que se funden en el libro verso a verso hasta hacerse esencia y presencia, hilos que se van entretejiendo hasta conformar una misma pieza de tela: Vértices.
Qué es la poesía sino fruto. Qué son las hijas sino la verdadera patria del padre, igual que la palabra es la única patria del poeta. Y es aquí donde convergen, en el hombre, al que ambas “llena(n) (sus) bolsillos de piedras,/ de hojas secas y de objetos mínimos/ que nunca imaginé guardar/ -nos dice en la página 17, porque el poeta (igual que el padre) no puede “existir sin vosotras” las palabras, verdaderas hijas. Transformando así, todo el libro Vértices, en una poética; la poética de la vida convertida en un acto de amor extremo: una poética amniótica de la paternidad y de la creación artística al mismo tiempo, en un dos por uno perfecto. Vida y literatura suenan con igual música.

Y es al escribirla cuando nace, la paternidad, de otra manera, como un vientre donde hijas y poesía se amamantan la una de las otras, como matrioscas que permanecen unidas umbilicalmente para “guardar otros días, dentro del día.” (página 51). Y es que Ella(s) son la clave del zeugma poético de este libro: los mismos versos para referirse, vía elipsis, a ambas tres: a las niñas y a la poesía, a través de una misma paternidad creadora, porque aquí las palabras también son hijas que forman parte del mismo paradigma metapoético. E intuye  bien, Francisco Onieva, porque “amar es querer ser un árbol” –nos dice en la página 34, y eso es Vértices: un árbol de hijas y hojas o versos que nos cobijan en su lírica “que aúna emoción y reflexión, desnudez y sugerencia” y “redefinición de fronteras”, como se nos advierte en la contraportada. Ya que Marta y Blanca, sus auténticas musas, son “la única patria/ en la que vale la pena creer” y vivir, y la bandera de esa patria son las palabras del poeta que crece en Ella(s), cuando escribe y cuando encuentra su lugar en el mundo: como “hombre que se explora en el poema/ y tropieza en las palabras” hasta traspasar el “vestíbulo del folio”, dice en las páginas 51 y 52. Porque “El folio es surco y andamio” (página 48) y también “aguja-matriz” donde el autor desarrolla su espejo de padre y poeta hasta conseguir el zeugma, y cambiar así la verdad de la vida en verdad metaliteraria.

Hijas y palabras “para que estas no sean artificio/ sino descarga, temblor, sacudida.” (página 50), y fuera de ellas el resto es silencio: “silencio (que) también nombra” a Francisco Onieva, al que hay que agradecerle que haya enhebrado y tejido un gran poemario lleno de intensidad y ritmo, de meditación y vértices.

Custodio Tejada
26 de Mayo de 2017
Opiniones de lector



domingo, 21 de mayo de 2017

ENTREVISTA CON EL FANTASMA de Eduardo Moreno Alarcón

ENTREVISTA CON EL FANTASMA  de Eduardo Moreno Alarcón




ENTREVISTA CON EL FANTASMA de Eduardo Moreno Alarcón.
Editorial Autores Premiados. 13 capítulos y un epílogo y 105 páginas.

                   Para conocer la verdad literaria a veces hay que rescatar del olvido a autores  y libros, esos que a veces se esconden y no transcienden la voluntad de los mercados o las cátedras, ni la bendición mediática del establishment establecido. Hay que buscar libros y autores por otros cauces y otras vías que no sean siempre las mismas, las que el negocio y sus allegados nos imponen a la fuerza, vía escaparate o vía suplementos culturales. Comprar el libro de un autor desconocido, publicado en una editorial pequeña y de una tirada quizá no muy extensa, quizá sea el acto más subversivo que puedes realizar en este mundo tan literariamente preconcebido y lleno de catálogos mayúsculos. A veces sienta muy bien salir de los circuitos y dejar que nos guíe la diosa casualidad para encontrarnos con un autor y una obra que no desmerece los planteamientos de la buena literatura, al contrario, sorprende y encandila en su anonimato. Y este es el caso de Eduardo Moreno Alarcón y su novela Entrevista con el fantasma. “En ocasiones, ciertas fuerzas ocultas nos empujan en dirección opuesta al rumbo prefijado en nuestra mente” se dice en la página 70, y nos dejamos llevar a la hora de elegir un libro o un producto cultural, quizá porque la etiqueta “Bestseller” pesa mucho y no hay nada mejor que  consumir lo que cuenta con el beneplácito del gran público.
                   Eduardo es un autor de pluma ágil y prosa cuidada, no exenta de cierto barroquismo, en la que intercala expresiones cotidianas de la calle con construcciones más rebuscadas. Preciosista en sus acabados trabaja la prosa como un orfebre, colocando palabra tras palabra con suma precisión y elegancia. Recomiendo una lectura pausada para degustarla en toda su extensión. Entrevista con el fantasma está a camino de una novela corta o de un relato largo. Eduardo la define como “una historia delirante de fantasmas extremeños”. O como se dice en la contraportada “Esta es una historia de fantasmas poco inquietante, que busca la provocación mediante un humor negro e irreverente… que parodia los clichés del género de terror.”  El argumento avanza con un planteamiento clásico de exposición, nudo y desenlace, con un final que sorprende y te arranca una última sonrisa algo sarcástica que “bordea la inasible eternidad” “en una dimensión sin días ni noches” y con ciertos dejes moralizantes. Este libro tiene un acicalado carácter lírico, la poesía corre también por las venas del autor y la novela así lo demuestra. Me recuerda en alguna medida a Gabriel Miró pero también a Góngora, por su cuidado y exquisito lenguaje y por su elaborada prosa, sinestesias entre autores llamo yo a esto.
                   “Y es que una cosa es la teoría y otra muy distinta la práctica” –se dice en la página 59. Y es cierto. Pues aquí, el autor sale airoso de ese trance y puede sentirse satisfecho con el resultado conseguido. Ya que en Entrevista con el fantasma hay “algo que podría tildarse –y no les exagero un ápice- de milagro prodigioso” (página 68), de lectura amena y divertida y de obra literaria.


Custodio Tejada  (17 de Mayo de 2017)   Opiniones de lector






domingo, 14 de mayo de 2017

"O" de Alejandro Pedregosa

"O" de Alejandro Pedregosa

Editorial Cuadernos del Vigía. 13 cuentos y 90 páginas.


“O” de Alejandro Pedregosa
Editorial Cuadernos del Vigía. 13 cuentos y 90 páginas.
Convencionales y clásicos, ágiles y rotundos, estos cuentos son ventanas que dan a un callejón sin salida, sórdido y terrible. La narrativa de Alejandro se muestra aquí más poderosa que nunca, llena de sátira y humor a raudales, brilla “con un estilo preciso y elegante” como nos apunta Jesús Marchamalo en la contraportada del libro. Este conjunto de cuentos no te dejarán indiferente, son historias intensas para lectores atentos. El vértigo de la prosa puntiaguda con la que están escritos no permite demoras ni despistes, sino agudeza e ingenio para terminar de interpretar y concluir su trama en la mente del lector, ya que a éste se le exige un papel activo. Todos los cuentos te zarandean y sobrecogen con unos giros finales  que sorprenden y resuenan como tracas en la conciencia.
            No escribe memeces, la crítica social y el humor agridulce son las llaves que abren y cierran estos cuentos, y a los que se les puede encontrar alguna pretensión moralizante, eso sí, desde la mirada genuina de Alejandro. No deja títere con cabeza, haciendo desfilar por su pasarela a intelectuales, clérigos, políticos… Y estoy convencido de que la rebeldía de Alejandro Pedregosa y su talento literario le llevará a vender muchos libros sin tener que acudir al prestamista Domingos Peres (página 45) y sin tener que vender su alma.
            Con la lectura “juntos pasamos momentos de maravillosa intimidad” nos dice en la página 65, ya que convierte a los lectores en confidentes. Al leer sus cuentos descubrimos que “todos los caminos conducen a un certero final” muchas veces desconcertante. Y es que Alejandro es quien “lleva la voz cantante” en todos los relatos,  y te imaginas su “media sonrisa desdentada tan llena de complicidad e inteligencia” como se nos dice de Patronio en la página 80.
En alguno de sus relatos, con diferentes niveles narrativos, nos encontramos con algunas palabras que actúan como vasos comunicantes de distintos planos (o sinestesias temporales) entre el pasado y el presente, entre la ambientación histórica del cuento y la actualidad más contemporánea y contundente, uniéndolas. Porque “en su esclavitud (de autor) se funda nuestra libertad” de lectores, y es que “los cuentos… tuercen la voluntad de los hombres” se nos dice en la página 88. Porque el autor, que también es poeta: “Amaba/ama la libertad y los versos clásicos con el mismo vigor que odiaba/odia las tropelías de nuestros gobernantes. Creía/cree que el mundo se podía/puede cambiar y que (él), en última instancia con (su) pluma, era/es uno de los elegidos para semejante propósito.” Dícese en la página 43.
            Cuando Alejandro Pedregosa escribe “emergen unas palabras tan duras y severas que, misteriosamente provocan un silencio inesperado” (página 81), un silencio reflexivo. Tiene oficio de corsario al enterrar su tesoro entre líneas y sabe captar la atención del público. En la página 68 se pregunta: “¿y el arte?, ¿dónde queda el arte?; pues aquí mismo, no hay que ir más lejos, en este puñado de cuentos que es “O” podemos encontrar el arte en estado puro. Y que conste que yo no quiero ser “propenso a la exageración y a la milonga fantástica”.
Custodio Tejada   (12 de mayo de 2017) 
 Opiniones de lector
http://custodiotejada.blogspot.com.es/




sábado, 6 de mayo de 2017

¿TRES AUTORES Y UN ESTILO? ELOY TIZÓN, DANIEL MONEDERO Y ALMUDENA SÁNCHEZ

¿TRES AUTORES Y UN ESTILO?
ELOY TIZÓN, DANIEL MONEDERO Y ALMUDENA SÁNCHEZ


¿TRES AUTORES Y UN ESTILO?
Esta reflexión literaria podría titularse Tres autores y un mismo placer: escribir francamente bien; por ejemplo, o carambola a tres bandas o ¿tres plumas y un estilo?, este último tiene algo de western, me gusta, pero el título lo dejo al libre albedrío de vuestra voluntad.
            No sé por qué regla del destino unos libros nos llevan a otros y estos a otros a su vez y así…, como un encabalgamiento lector, unos autores a otros. Eso sí, hay minutos que duran dos páginas y otros que duran seis o siete, no sé por qué sucede eso, por qué le caben más renglones a unos minutos que a otros, aunque lo intuyo.
            “Como un libro es algo incompleto… (que) se acaba en la mente del lector, que es quien completa el círculo” nos dice Eloy Tizón en el número 5 Cráteres de Marte, recojo el guante y voy a intentar cerrarlo a mi manera, la manera de un lector que opina, con el riesgo que esto supone.
Coincide que los tres libros últimos que he leído han sido Velocidad de los jardines de Eloy Tizón, Manual de jardinería (para gente sin jardín) de Daniel Monedero y La acústica de los iglús de Almudena Sánchez. No sé si ha sido por casualidad o por la voluntad caprichosa del librero al que le encargué los libros, en distintos momentos, pero que me los sirvió al mismo tiempo; sea como fuere, el orden de lectura sucedió como antes he mencionado, respectivamente.
            Más allá de las citas o los agradecimientos, ya sea por los enfoques o el estilo, estos tres libros mencionados y sus autores comparten líneas comunes de fuerza narrativa y otros vasos comunicantes que su lectura me ha sugerido. Parece como si navegaran sobre el mismo mar literario o practicaran submarinismo sobre el mismo lecho marino. “Uno escribe so, pero no podría hacerlo sin tener cómplices de muchos tipos” -dice Daniel Monedero en la página 167 de Manual de Jardinería.
            Igual que un Zoótropo, al aumentar el zoom de la lectura y salvando las distancias y las individualidades de cada cual, me atrevo a decir que sus narrativas tienen mucho en común, y que en alguna medida son arcos del mismo acueducto creativo o agua del mismo movimiento literario. Sí, vuelvo a decir que no sé por qué pero unos nombres o autores nos llevan a otros y nos dejan algunas inexplicables reminiscencias, quizá porque haya una misma química literaria o herida que los une. “Las cicatrices también caminan, quiero decir, van con las personas, se mueven” se dice en la página 19 de La acústica de los iglús, igual que los libros, que nos acompañan y nos marcan y también nos señalan el camino. Tres autores en tránsito de convertirse en compañeros de viaje (si no lo son ya) y en líneas de fuerza de muchos lectores, intuyo y deseo, porque como si fuera un misterio trinitario los tres apuntan a un mismo dios creativo, comparten resonancias y ecos, y el uno nos lleva a los otros y viceversa, cada cual con su relevancia en el tiempo.
            Y si cuando leo a Eloy Tizón en Velocidad de los jardines me queda un regusto a J.D. Salinger, con Daniel Monedero lo mismo me lleva a Mark Twain que a Franz Kafka o Wislawa Szymborska entre otros, y en el caso de Almudena me viene a la mente Flannery O´connor. Es solo un parecer o un automatismo sin profundizar demasiado, entiéndase como un mero pespunte sin más voluntad de sastre. “Los libros son puntuales. Llegan cuando uno los merece, nunca antes” –dice Eloy Tizón en la página 25 de Velocidad de los jardines, igual pasa con los autores y las opiniones, pienso yo.
            Tres autores y tres obras que saltan sin red para “estallar las costuras” del cuento. “Al cuento, en contra de lo que se dice, le sienta bien la imperfección y lo roto” –dice Eloy Tizón en su ensayo Cuentos pluscuamperfectos, quizá porque hartos de lo esférico cada día hay más lectores que buscan lo excesivo, lo extraño, lo híbrido, lo heterodoxo… Y si no se hace, si no los hemos leído todavía, hagámoslo, porque una buena cantera de emociones nos espera. “La literatura que de verdad importa no simplifica el mundo, sino que lo vuelve aún más complejo, más desconcertante” –dice Eloy Tizón en el número 5 Cráteres de Marte, quizá como este artículo. Y en esa línea de fuerza confluyen los tres, con sus distintas intensidades, cada uno con su respectiva velocidad y modo de contar, pero los tres con la misma adicción y sorpresa.
            “Todo libro es sagrado, si da con el lector para quien fue escrito” –escribió Jorge Luis Borges. No quiero yo sentirme tan privilegiado, Dios me libre, pero tengo que reconocer que su lectura me ha gustado. Y aquí os dejo, humildemente, estas impresiones de lector, nada más que reflejos. Mucho “compañéxito” y nada de “exisoledad” para todos.

Custodio Tejada
4 de mayo de 2017
Opiniones de lector